
La prevención y curación de la enfermedad se logra descubriendo su causa y erradicando el defecto con el desarrollo de la virtud opuesta.
“No nos fijemos en la enfermedad, pensemos sólo en cómo ve la vida el enfermo” (Bach).
La cura debe estar orientada a restablecer la armonía entre el alma y la mente y a eliminar la verdadera causa de la enfermedad.
En primer lugar, la tarea del terapeuta será ayudar al paciente a conocerse y descubrir los motivos de su enfermedad y, en segundo lugar, la administración de los remedios florales que lleven al cuerpo y a la psiquis a “recobrar fuerza [...] serenarse” (Bach).
El criterio de curación no debe ser la eliminación de síntomas, sino el cambio de perspectivas del sujeto enfermo, la recuperación de su paz mental y la felicidad interna.

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