viernes, 4 de diciembre de 2009

Límites


Los límites constituyen las fronteras de contacto entre las personas: son lugares no visibles sino imaginarios donde uno termina y empieza el otro.

Yo puedo abrir una ventana o poner una música si estoy sola, pero si hay otra persona en la habitación, es necesario que la consulte para saber si está de acuerdo, pues mi derechos terminan donde comienzan los de ella.

Cuando se trata de algo material es más fácil determinar los límites, porque lo material se ve. Yo no me sentaría en la silla que está ocupando otra persona, ni pondría mi cartera encima de su plato. En este caso está claro que estoy colocándome en su espacio.

El Conflicto


El conflicto puede ser saludable y creativo, o confluyente e improductivo.

El conflicto confluyente e improductivo se da cuando yo no me comprendo a mí mismo y acuso a otro de algo de lo cual yo soy responsable. Esto involucra por lo menos dos formas de defensa, la represión y la proyección.

El conflicto saludable se da cuando, tanto el otro como yo, somos personas integradas que tenemos cierto auto-conocimiento y una clara sensación de ser distintos. En este caso, el conflicto surge cuando hay una clara impresión de desacuerdo en torno de algo que constituye un verdadero problema para ambos. No resulta, en cambio de proyectar sobre el otro, cosas que somos incapaces de enfrentar en nuestro propio interior. El conflicto saludable, si se lo maneja con habilidad, tiene por efecto crear buenos sentimientos entre las personas; equivale a una propuesta de ganar ambos, en vez de ganar uno y perder el otro.