Los límites constituyen las fronteras de contacto entre las personas: son lugares no visibles sino imaginarios donde uno termina y empieza el otro.
Yo puedo abrir una ventana o poner una música si estoy sola, pero si hay otra persona en la habitación, es necesario que la consulte para saber si está de acuerdo, pues mi derechos terminan donde comienzan los de ella.
Cuando se trata de algo material es más fácil determinar los límites, porque lo material se ve. Yo no me sentaría en la silla que está ocupando otra persona, ni pondría mi cartera encima de su plato. En este caso está claro que estoy colocándome en su espacio.

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