El conflicto puede ser saludable y creativo, o confluyente e improductivo.
El conflicto confluyente e improductivo se da cuando yo no me comprendo a mí mismo y acuso a otro de algo de lo cual yo soy responsable. Esto involucra por lo menos dos formas de defensa, la represión y la proyección.
El conflicto saludable se da cuando, tanto el otro como yo, somos personas integradas que tenemos cierto auto-conocimiento y una clara sensación de ser distintos. En este caso, el conflicto surge cuando hay una clara impresión de desacuerdo en torno de algo que constituye un verdadero problema para ambos. No resulta, en cambio de proyectar sobre el otro, cosas que somos incapaces de enfrentar en nuestro propio interior. El conflicto saludable, si se lo maneja con habilidad, tiene por efecto crear buenos sentimientos entre las personas; equivale a una propuesta de ganar ambos, en vez de ganar uno y perder el otro.

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